Volviste a hacerme llorar, a regalarme un boleto para viajar hacia tus mundos fantásticos y a detener el tiempo conmigo ahí frente a tu orquesta y a tus manos mágicas llevando a músicos y público a la perfección sonora.
En la mesa había Malbec, uvas y queso. Arriba, en el escenario, estaba tu mirada cómplice con aquellos que expresaban las melodías que hace años plasmaste sobre un papel pautado que descansaba encima de un piano. Te sonreían y tu mirada alegre respondía. Luego esa manera tan tuya de tomar el micrófono y dirigirte hacia la audiencia. Han sido cinco las oportunidades que he tenido para escucharte hablar sobre tu música y lo que dices me sigue conquistando como en el primer instante en que te escuché en el Symphony Hall. Tu voz es tan melodiosa como tus creaciones. Miro a tus músicos, con los ojos cerrados y contoneándose al ritmo de las armonías que has creado en más de 50 años de composición y se me sigue erizando la piel. Esa sensación, que nace del contacto con tus obras de arte sonoro, y ese nudo en la garganta que me haces sentir cuando te miro dirigiendo, es irremplazable. Nunca habrá nada que lo supere y los recuerdos de estas noches en Boston estarán en mi mente para siempre.
Gracias por la inspiración que me has dado para escribir, por la compañía, por el éxtasis, por el estremecimiento, por el homenaje a otros grandes compositores de la historia, por el vuelo a Nunca Jamás, por el amor de una geisha expresado en la voz de un cello, por el arrebato en Irlanda, por la majestuosidad de los dinosaurios, por el vuelo en bicicleta con la Luna de testigo, por el tiburón merodeando las aguas y acechando a turistas temerosos, por la marcha del héroe que no era un avión pero surcaba los aires, por fénix volando por encima de un colegio de magia y por los tambores y trompetas que retratan el espíritu olímpico con una pasión sin igual... Gracias por haber visto mis lágrimas afuera del Symphony Hall y haberme dedicado esa mirada tan grata y empática, por haber dicho que mi llanto era dulce y quitarme la vergüenza de no poder evitarlo, por haber firmado mi LP de Superman con un segundo plumón indeleble para que tu firma quedara clara sobre la superficie negra y gracias por haber cerrado con esa elegancia, dulzura y entrega una de las mejores noches de mi vida.
Música: The Olympic Spirit, cortesía de John Williams
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miércoles, 1 de junio de 2011
lunes, 31 de enero de 2011
A John Barry
No recuerda la primera vez que escuchó su nombre. Lo que sí tiene en la mente es aquella noche en que la hizo llorar. Estaba en el coche, pensando en cómo sería dominar el tiempo y en todo lo que no podía ser. Entonces la invadió el sonido que él creó para los dos amantes que vivían en distintas épocas y que, al final de la película, ‘vivieron felices para siempre’. Se identificó: wishful thinking. La belleza de la música la colmó del romance y su fuerza abrasadora se transformó en acompañante. Aquellas armonías eran su voz. Las palabras inexpresadas eran homólogas de aquella composición universal. Era un canto que manifestaba sus inquietudes. Eran tres minutos de una pista sonora que hablaba por ella.
Cuando escribía para J., nuevamente apareció como testigo. La tristeza del piano era también la propia. Era nostalgia, promesa y dulce aspiración. En la vida de otros volvió a encontrarse. En la pieza musical que creó para esas experiencias ajenas, también encontró su historia.
A. llegó con la noticia a las diez de la mañana de hoy: “Se murió John Barry”. Silencio al otro lado de la línea. Ella pensó en la primera vez que escuchó Somewhere in Time y lo mucho que le impactó enterarse de que él fue el artífice de la música de un gran número de filmes de James Bond. Luego le adoró por tantos otros temas como Dances with wolves, Indecent Proposal y Out of Africa. Para ella es leyenda y le duele pensar en lo que se ha perdido con esa vida que apagó por un ataque al corazón. http://www.youtube.com/watch?v=rf8C_fkEXqQ
Cuando escribía para J., nuevamente apareció como testigo. La tristeza del piano era también la propia. Era nostalgia, promesa y dulce aspiración. En la vida de otros volvió a encontrarse. En la pieza musical que creó para esas experiencias ajenas, también encontró su historia.
A. llegó con la noticia a las diez de la mañana de hoy: “Se murió John Barry”. Silencio al otro lado de la línea. Ella pensó en la primera vez que escuchó Somewhere in Time y lo mucho que le impactó enterarse de que él fue el artífice de la música de un gran número de filmes de James Bond. Luego le adoró por tantos otros temas como Dances with wolves, Indecent Proposal y Out of Africa. Para ella es leyenda y le duele pensar en lo que se ha perdido con esa vida que apagó por un ataque al corazón. http://www.youtube.com/watch?v=rf8C_fkEXqQ
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miércoles, 12 de enero de 2011
John Williams by John Williams
Es la primera vez, en más de dos años, que tengo la oportunidad de escribir sobre la música que me gusta. Y estoy fascinada. El texto intenta esbozar la manera en que se compone una banda sonora. Aún así, no hablaré de John Williams porque tengo la idea romántica de que algún día lo entrevistaré y, ahí sí, ahondaré en su trabajo. Sin embargo, estaba leyendo sobre el tema y me encontré con una entrevista que le hizo Tony Thomas en los noventa. Y nada, que vengo a copiar dos de las preguntas y respuestas por el puro gusto de recordar por qué me apasiona tanto su trabajo.
Nota: J.W. dirigió Jane Eyre la primera vez que volé a Boston para verlo. Sobra decir que la experiencia me cambió la vida.
Nota: J.W. dirigió Jane Eyre la primera vez que volé a Boston para verlo. Sobra decir que la experiencia me cambió la vida.
I’ve heard you say that Jane Eyre is one of your own favorite scores –beautifully rhapsodic music but again nothing like the Violin Concerto, with its harmonic complexities and advanced tonalities. Where does your musical heart lie?
I think that Jane Eyre is very close to my musical heart. It comes out of Yorkshire, you know the Brontë book. And it’s created folk music, if you like, and I like it to play it because it is gratifying for the orchestra and melodic in a very colorful and atmospheric way. And if one could say that one’s heart lies with one’s own music and still be within acceptable taste, then I can say that something of my heart lies with some of that music. In the case of the Violin Concerto, it’s dedicated to my late wife Barbara and some aspects of that piece lie within my heart, also even though the technical apparatus that presents it may be, on the surface, somewhat different, the connections to the heart are just as direct.
You’ve been very successful. Presumably you can now do only what you want to do –or am I assuming too much?
Well, I think it maybe assumes a little too much. Within the affairs of all of us, we rarely can do always exactly what we want to do, and perhaps it wouldn’t be a wholesome state of affairs if we could. It isn’t true that I can pick and choose every film that I want to. And I probably wouldn’t want to do that even if I could because the burden of picking a winner could become very great. There are films that I would have liked to have done. I will always say that I have been very lucky, but I think success can be such an illusion, a state of mind, and if you can wear it healthily and in a wholesome way, it’s fine. It can be very damaging to a lot of people. I consider myself being fortunate to be working with the people I do. As long as my energies are intact and I love music then I just figure I am the luckiest person in the world to go on the stage with these great orchestras, and it is a job. I really don’t think about it as being the result of a success. I think I’ve been given a great gift.
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